Estilos educativos y consecuencias personales

Un pequeño de espaldas

Un pequeño juega de espaldas

Mucho se habla ahora del estilo Asertivo, Inductivo o Democrático en educación parental, pero ¿sabemos qué es exactamente “eso” de los Estilos Parentales?

Si los estilos parentales o estilos de crianza comprenden todos los comportamientos y actitudes de los cuidadores del menor que configuran todo un “clima emocional” hacia él, siguiendo a Musitu, Estévez y Jiménez (2010) podemos considerar como tales no sólo aquellos que parecen orientados a su socialización y que pueden estar íntimamente relacionados con su contexto cultural, los valores y normas socialmente establecidos en dicho contexto (como plantearle una norma a cumplir), sino también cualquier otra conducta como pueden ser los gestos, el lenguaje corporal, el tono de voz, e incluso la expresión espontánea de emociones, es decir los propios de la comunicación cotidiana con el menor.

Variables del propio progenitorvalor

Son diversas las variables que influyen en el tipo de estilo parental que un progenitor es capaz de desarrollar con sus hijos: sus valores y metas, la educación recibida de sus propios padres, y los acontecimientos vitales por los que ha pasado.

Evolución histórica de los estilos parentales

A lo largo de la historia son muchas “las tendencias” que han considerado los estilos parentales o educativos como apropiados o inapropiados; mientras que a mediados de siglo XX sólo se reconocían dos únicos estilos, “Dominante/Sumiso” y “Controlador/ Rechazo”, es a partir de los años 80 cuando se diversifican las variables a tener en cuenta a la hora de clasificarlos. Además, conviene tener en cuenta que no existen estilos puros y que resulta a veces frecuente que cada progenitor ejerza un tipo distinto de estilo educativo o parental.

En la actualidad, podemos considerar dos dimensiones básicas: Afecto/Comunicación y Control/Exigencia, para establecer cuatro tipos de estilos parentales relacionadas con el tipo de demanda que se realiza al hijo y el tipo de refuerzo parental posterior.

Clasificación

Los estilos parentales más consensuados en la actualidad, son:

  1. Padres autorizativos, con altos niveles de afecto y exigencia.
  2. Padres autoritarios, con alta exigencia y bajo afecto.
  3. Padres permisivos, con alto afecto y baja exigencia.
  4. Padres negligentes, con bajo afecto y baja exigencia.

Consecuencias en los hijos

Las consecuencias para los hijos de cada estilo parental son muy diferentes:

  • Los padres con estilo autorizativo o democrático estimulan el diálogo con los hijos, al utilizar frecuentemente explicaciones respecto a sus reglas de conducta y sus expectativas de funcionamiento, ejercen un control adecuado  fomentando la independencia al proporcionar oportunidades para aumentar la autonomía, el interés, y la comunicación con los hijos. Por tanto, sus hijos crecerán con mayor autonomía, una autoestima más fuerte, poseerán mayor tolerancia a la frustración, y mayor sentimiento de responsabilidad y fidelidad, y su percepción de sus propios padres será más afectuosa y de mayor respeto.
  • Los hijos de los padres autoritarios tenderán a una menor autoestima y menor sentimiento de autoeficacia, una menor autonomía y baja competencia social, y pueden llegar a ser más agresivos y tener mayores conflictos.
  • Los hijos de padres permisivos tenderán a una baja motivación, carencia de autoconfianza y autorregulación, bajos logros escolares y escaso respeto a las normas y a los adultos.
  • Los hijos de los padres negligentes, poseerán de forma generalizada menor competencia social, bajo control de los impulsos y escasa motivación.

A modo ilustrativo, puede citarse la comorbilidad existente entre el estilo educativo ofrecido por los padres y la aparición o la gravedad de trastornos de conducta y de aprendizaje en los hijos, tales como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El establecimiento de un vínculo de apego seguro entre padres e hijo es un factor protector que facilita el desarrollo de competencias en varias áreas en las que los niños con TDAH pueden tener dificultades. Asimismo, diversas investigaciones relacionan el estilo educativo parental y las actitudes juveniles en cuanto a las conductas adictivas, resultando que los niños educados de forma democrática y con fuertes valores presentan menos riesgos de sufrir adicciones o conductas de riesgo.

Lo que es innegable es que intentar cambiar conductas altamente arraigadas en el repertorio comportamental de los progenitores por muy inadecuadas que puedan resultar para el desarrollo psicosocial de sus hijos es una tarea dura, pero no debe obviarse que los mejores aliados para alcanzarlo son el afecto sincero, la comunicación asertiva y afectiva, el establecimiento de unos límites claros y adecuados a cada edad, y la dedicación de tiempo de calidad a los niños.

 

Tone Martí Aras

Col Nª 8199

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